La verdad es que cuando pienso en códigos, pienso en código penal, en código civil, en código de honor, código de vestir…postal y un sinfín de códigos que al lenguaje común y corriente resultan ser algo así como un “o todas parejas o todas chiboludas”... o al menos eso creo yo.
Por su lado, un código entre mujeres, más que un cuadernillo de “leyes y principios conductuales”, debería ser una especie de instructivo que en el encabezado se leyera un “aprenda a ser, descifrar y chingar una mustia entre sus Bff`s”. No existe un chingado código y lo sabemos. Entre nosotras lo que realmente existe son celos, tallas, envidias, los ex de las amigas a quien queremos cogernos, la blusa de marca que ella si tiene y yo no, las mustias, las perras y las no tan perras –aunque estas son peores- bien sabia es mi madre al decir que “en la viña del señor hay de todo” y hemos de estar en ese viñedo.
En cuanto a mi, se me es fácil “escapar” de ese tal código… en primera porque tengo más amigos hombres, menos llenos de fregaderas que las viejas; y en segunda de mis dos mejores amigas una de ellas es gay y a la otra le dieron agua de calzón desde que tenía quince años. –Ya tiene 30 y sigue con el mismo wey –
Nadie se cuida de mí y yo no me cuido de ellas, tienen la virtud y el don de saber se amigas y no meterse con las cosas ajenas, y eso incluye al novio y la botella de wisky.
Creo que más allá de un código todo el asunto radica en la confianza, en la honestidad y en saber qué decidir; la vida es de elecciones… “algo a cambio de algo”, así que somos libres de escoger y decidir entre una buena amiga con quien chingarse una botella o una botella para chingarte al buenísimo novio de tu amiga. Yo… ya decidí.
Yo Pecadora
martes, 18 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario